Cultura Quetzal

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Etiqueta: Cuento

Sentencia de muerte para la grosería

Por: Jack Ritchie -¿Qué edad tiene usted? -pregunté.Sus ojos no se separaban del revólver que yo sostenía en la mano.-Escuche señor, no hay mucho dinero en la registradora pero lléveselo todo. No le proporcionaré dificultades.-No me interesa en absoluto su Read more…


Caperucita Roja

Por: Charles Rerrault Había una vez una niñita en un pueblo, la más bonita que jamás se hubiera visto; su madre estaba enloquecida con ella y su abuela mucho más todavía. Esta buena mujer le había mandado hacer una caperucita Read more…


Antes del Edén

Por: Arthur C. Clarke –Me parece –dijo Jerry Garfield parando los motores – que éste es el final de la línea. Con un leve suspiro, la eyección del chorro cesó gradualmente. Privado de su colchón de aire, el vehículo explorador Read more…


Microrelatos

Augusto Monterroso El mono que quiso ser escritor satírico En la selva vivía una vez un Mono que quiso ser escritor satírico. Estudió mucho, pero pronto se dio cuenta de que para ser escritor satírico le faltaba conocer a la Read more…


Crimen en Marte

Por: Arthur C. Clarke —En Marte hay poca delincuencia —observó el inspector Rawlings con tristeza—. En realidad, éste es el motivo principal de que regrese al Yard. De quedarme aquí más tiempo, perdería toda mi práctica. Estábamos sentados en el Read more…


La gallina degollada

Por: Horacio Quiroga Todo el día, sentados en el patio en un banco, estaban los cuatro hijos idiotas del matrimonio Mazzini-Ferraz. Tenían la lengua entre los labios, los ojos estúpidos y volvían la cabeza con la boca abierta. El patio Read more…


Los ojos hacen algo más que ver

Por: Isaac Asimov Después de cientos de miles de millones de años, pensó de súbito en sí mismo como Ames. No la combinación de longitudes de ondas que a través de todo el universo era ahora el equivalente de Ames, Read more…


Exilio – Pamela Sargent

Diane Lundberg no tenía apetito, pero intentó terminar la comida que quedaba en su plato. Miró a su madre a través de la mesa, y empezó a esconder los guisantes debajo de los huesos de pollo con el tenedor. —¿Podemos Read more…


El barril de amontillado

Por: Edgar Allan Poe Había yo soportado hasta donde me era posible las mil ofensas de que Fortunato me hacía objeto, pero cuando se atrevió a insultarme juré que me vengaría. Vosotros, sin embargo, que conocéis harto bien mi alma, Read more…


Vendrán lluvias suaves

Por Ray Bradbury La voz del reloj cantó en la sala: –Tictac, las siete, hora de levantarse, hora de levantarse, las siete. Como si temiera que nadie se levantase. La casa estaba desierta. El reloj continuó sonando, repitiendo y repitiendo Read more…